A modo de presentación


La obra de Fernando de Villena es, ante todo, una lucha titánica contra el desgaste de las palabras, como si le hubiera sido dado conservar su legado contra el deterioro del tiempo y la proliferación de los nuevos bárbaros. Por otra parte, De Villena conecta con la tradición más renovadora de la literatura española, como la Generación del 98 y, más atrás, con el Modernismo, Romanticismo y Culteranismo. Pero, a la vez, es un autor profundamente imbuido de su tiempo, inserto en el más nuevo paradigma. (G. Morales)

Aunque muchos no lo saben y otros no quieren saberlo, el poeta granadino Fernando de Villena es el autor de uno de los ciclos poéticos más ambiciosos, inquietantes y verdaderamente renovadores de cuantos se han producido en la poesía española de las últimas décadas. Este hecho lo convierte en referente obligado para un entendimiento riguroso de la última poesía española y en modelo cierto de las nuevas generaciones, que ya lo siguen con pasión. (J.Lupiáñez)

16 feb 2014

A quien pueda interesar le comunico la aparición de mi nuevo libro, "Los colores del mundo" en el que se recopilan mis cuatro últimos poemarios editados y otros cuatro inéditos.


1 sept 2013

SOBRE EL DETERIORO DE LA CIUDAD DE GRANADA BAJO LA ALCALDÍA DE TORRES HURTADO

                Hay ciudades como Venecia, Florencia, Toledo o Granada que debieran estar regidas por alcaldes de gran sensibilidad y probado amor a la cultura. La nuestra no ha tenido esa suerte desde los días ya lejanos de don Antonio Gallego Burín. No vengo a hacer historia con este artículo, sino a denunciar el estado lamentable de Granada bajo el gobierno del último de sus alcaldes, José Torres Hurtado.
                Llevaré a cabo un somero análisis de los principales problemas de la ciudad y nada mejor que comenzar por los barrios históricos. Hace un par de años nos sorprendía la portada del periódico “Ideal” con la imagen de la Puerta Monaita, uno de nuestros más bellos monumentos, llena de groseras pintadas. Rápidamente se tapió el acceso a la misma, pero ahora han abierto un nuevo boquete y vuelve ser lugar de botellón sin que se hable más del asunto. Es lo propio de Granada olvidar todo en seguida (bien lo intuyó Juan Ramón Jiménez) y pasar página. Y las consecuencias de esos olvidos las pagamos luego. Por ejemplo: ya hemos olvidado el despilfarro de la presentación del premio “García Lorca” en Nueva York con el vuelo y los gastos pagados casi una semana en uno de los hoteles más caros de la ciudad para los concejales y allegados, todo a costa, del presupuesto, asunto que incluso ha sido satirizado por Antonio Muñoz Molina, y cuyas consecuencias las pagamos con las penurias de hoy.
                Pero volvamos a la Puerta Monaita ahora que se está celebrando de la manera más ramplona el cacareado Milenio del Reino de Granada. ¿No hubiera sido ésta la ocasión propicia para abrir un delicioso paseo histórico que, partiendo de esa Puerta Monaita fuese bordeando entre jardines la bella muralla zirí, incluyera el palacio nazarita de Daralhorra y llegase hasta el Arco de las Pesas y por allí hasta San Nicolás? Sería como una segunda Alhambra y no resulta complicado ponerla en marcha. Podría incluso ser una visita de pago a fin de cubrir los gastos (no demasiados) de ese posible nuevo itinerario turístico y ciudadano. Por supuesto, se descartaría de ese paseo el antiguo Callejón del Gallo en tanto que no se derribase el  horroroso edificio que se alzó allí años atrás (y justo es decirlo: el desmán en esta ocasión no fue de Torres Hurtado) y destrozó por completo aquel sitio tan emblemático.
                En cuanto al cerro de San Miguel Alto, además de controlar con microscopio el crecimiento de la edificación en las cuevas existentes, considero que resultaría muy higiénica la medida de arrancar las espantosas escaleras de granito que parten su estampa campesina de aires lorquianos.
                El otro gran problema del barrio está en la Carrera del Dauro. Cuando el gobierno municipal cortó por completo el tráfico por la misma no pudimos menos que aplaudir la medida. ¿Alguien puede imaginarse, por ejemplo, la Vía Tornaboni que en Florencia une la catedral con el palacio Viejo interrumpida por el tránsito de autobuses y taxis? Me temo que una vez más nuestra alcaldía ha cedido al chantaje de este poderoso gremio mucho más que a las peticiones de un puñado de vecinos para los que ya se había habilitado un transporte especial. Así pues, la calle más hermosa de nuestra ciudad apenas puede ser contemplada sosegadamente por los naturales y los visitantes, ya que están en constante riesgo de atropello. Cuando ocurra alguna desgracia tal vez se tomen medidas definitivas.
                Y vamos con el Realejo, que se pavimentó con una falta de gusto tal que nos lleva a preguntarnos quiénes tienen el poder decisorio en estas cosas. Granito y cemento donde antes existía un adoquinado propio de las ciudades históricas. Por suerte, al menos, se conserva parte del empedrado granadino.
                Al igual que toda la ciudad, el Campo del Príncipe se ha convertido en una trampa recaudatoria y no sólo para quien desee aparcar, aunque sea un solo instante. Todo el que pasea por allí a su perro sin cadena, incluso si es un caniche, corre el riesgo de que se le imponga una multa de ciento cincuenta euros. Y estos recaudadores son los mismos que hacen la vista gorda, ¿a cambio de qué?, con los lugares de la ciudad donde se trafica abiertamente con numerosas clases de drogas.
                Otro problema del Realejo y de toda la ciudad es la carencia o por lo menos la mengua casi absoluta de policías en horario de noche y de empleados de limpieza. Ello conlleva que a cualquier hora de la madrugada te puedan despertar los gritos, las maldiciones y las trifulcas de algunos borrachos. La policía local y por ende el Ayuntamiento tienen la obligación de velar por el descanso de los ciudadanos. Son muchos los que madrugan para ir al trabajo o para realizar sus exámenes y no hay derecho a que un día y otro unos energúmenos les rompan una y otra vez el sueño.
                Es incomprensible que dentro del recinto urbano se permitan las llamadas “salas after” que abren a las dos de la madrugada y cierran a las siete o las ocho, lugares donde se refugian los que ya van “calientes” de bebida. La calle Carril de San Cecilio y los muros de la iglesia del patrón de Granada, por ejemplo, se han convertido en el mingitorio público de muchos trasnochadores. El olor resulta insufrible y el suelo ahora está pegajoso y amarillento de tanto ácido úrico. Los pobres limpiadores que no han sido despedidos todavía por el Ayuntamiento no dan abasto. Esa falta de personal de hoy es una de las consecuencias, como antes dije, de los despilfarros de antes.
                Y sin irnos del barrio todavía, he de consignar que en el terreno existente ante el hotel Alhambra Palace se encontraron hace año y medio los restos de una importantísima necrópolis árabe con cuevas abovedadas, escaleras y no sé qué más y, en lugar de realizarse una excavación en toda regla, se han comenzado a tapiar las cuevas y a cubrir todo de tierra, ignoro con qué fines.
                Salgamos ahora de esos arrabales antiguos y vayámonos al centro. Nuestro alcalde parece gobernar sólo para los que viven en la Gran Vía, Puerta Real o la calle Recogidas, pero no ha pensado mucho en los que precisan cruzar ese centro dos o tres veces cada día para ir a su trabajo o a los hospitales o a la universidad. Gran parte de Granada se extiende sobre una llanura. Una persona podría ir desde Almanjáyar o desde la Chana hasta el Zaidín o hasta la Avenida de Cervantes en bicicleta en muy poco tiempo. Pero hacerlo ahora entre coches y autobuses es jugarse la vida. Hace unos años se remodeló la Gran Vía. Era el momento de haber realizado allí un carril-bici. Los bordes de las aceras se han levantado peligrosa y absurdamente y ese espacio hubiera servido para crear dicho carril. Tal vez habría que haber prescindido de los arbolitos, que podrían haber sido colocados en las calles adyacentes. Nadie me acuse de ir contra la vegetación pues yo mismo, en otro artículo, he denunciado la desaparición injustificada de los árboles casi centenarios de la calle Palacios. No, nadie me acuse de ello, pero es que, siendo la calle Reyes Católicos y la Gran Vía el único paso entre la Granada del este y la del oeste , hay que aprovechar al máximo cada centímetro cuadrado para facilitar la vida de los granadinos.
                Nuestro alcalde no comprende que llegan nuevas generaciones ávidas de un nuevo modelo de ciudad más acorde con las urbes de toda la Europa de hoy, una ciudad más ecológica, más cómoda y más culta. ¿A qué levantar un edificio tan feo como un embudo para el Centro García Lorca cuando existen palacios maravillosos en la ciudad como la Casa de los Vargas que se están viniendo abajo? ¿A qué pagar el Ayuntamiento alquileres de pisos y locales cuando no sabe qué hacer con palacios como el de la Cuesta de Santa Inés?
                Otro problema es el de la estación de ferrocarril. Yo me pregunto: ¿Habrá leído alguna vez el señor Torres Hurtado el capítulo de “Granada, la bella” que Ganivet dedica a nuestra estación de trenes? Desde luego, yo se lo recomiendo.
                Hablaba antes de las ciudades europeas. Pienso en Roma, en París, en Florencia, en Ámsterdam… donde las estaciones ferroviarias (y también las de autobuses) se ubican en el mismo centro con toda la comodidad que ello supone y no consigo explicarme qué intereses tiene el Ayuntamiento en llevarse la nuestra a las afueras de la ciudad.
                En el lugar donde se halla nuestra estación, cuando el viajero llega puede ya contemplar una primera magnífica estampa de la ciudad, de San Jerónimo, de la catedral y de la torre de la Vela… Y esas primeras impresiones son muy importantes.
                Pero es que aquí parece que nos molestan los turistas. Hay que gobernar para los de la calle Recogidas, pero también para todos los que viven del turismo en Granada, que son muchos, y lo que resulta bochornoso es que los autobuses que llevan a la Alhambra parezcan pequeñas cámaras de gas donde los visitantes se hacinan sin poder mover ni un pie. No es que esos pequeños autobuses constituyan un mal medio de transporte, no; lo que ocurre es que la oferta no se corresponde con la demanda. En lugar de salir uno cada quince minutos, tendrían que hacerlo cada tres. Y no hablemos de otras líneas de la “Rober”. Desde luego, no conozco nada tan nefasto como los monopolios. Si existieran varias empresas de autobuses urbanos no habría estos problemas.
                ¿Y del aeropuerto, qué decir? Hace unos años gozábamos conexión con numerosas ciudades del exterior. A la alcaldía incluso se le hicieron ofertas para contar con muchas más, pero a Torres Hurtado no le pareció bien. Málaga hace veinticinco años era un poblachón cuando se la comparaba con Granada. Hoy es una ciudad dinámica que compagina con acierto tradición y modernidad. Y no es que allí gobierne éste o el otro partido. Se trata de las personas, de políticos que tengan amor a su ciudad, buen gusto y que escuchen a quienes entienden Eso es lo necesario y lo que aquí se echa de menos.
                Antes de finalizar, quiero sugerir dos medidas sociales que considero muy necesarias para Granada: la creación de albergues para que los sin hogar sobrelleven el rigor del invierno, y la de piscinas públicas muy económicas para que los niños de familias humildes también disfruten del verano.
                He escrito todo esto porque yo sí amo a Granada y me duele verla en las actuales circunstancias y no me vale que un mes antes de las elecciones el alcalde inaugure por todo lo alto la nueva imagen del Camino de Ronda después de que se hayan arruinado el setenta por ciento de los negocios que había allí.
                Antenoche, hablando con un amigo mío muy culto, granadino de adopción, él me comentaba que aquí lo verdaderamente necesario sería un debate ciudadano en el que participaran personas de toda laya y en el que no todo se quedase en palabras, sino que a través del mismo se establecieran las bases para forjar la ciudad que todos queremos en las próximas décadas. Esa tal vez fuese la solución.

                                                                                              Fernando de Villena

                                                                              De la Academia de Buenas Letras de Granada 

23 abr 2013

CULTURA Y MEDIOCRIDAD




                Recientemente, la segunda cadena de Televisión Española viene programando algunas películas francesas actuales. Bastantes de las mismas, ya sean comedias o dramas, poseen una gran calidad e incluso alguna de ellas como “Joyeux  Noël”, del director Christian Carion, puede calificarse como obra maestra.
                Después de ver estas cintas, cualquier español con espíritu crítico llegara a la conclusión de que existe una abismal diferencia entre ese cine realizado más allá de los Pirineos y la mayor parte del que se hace en España. Aquí faltan ideas, sobra grosería y mediocridad, y los ejemplos más representativo de cuanto afirmo  son las películas de Pedro Almodóvar.
                Pero lo verdaderamente grave del asunto es que ese tipo de cine español (tan lejano, ¡ay!, del que rodaron Barden, Berlanga, Buñuel , Martín Patiño o Saura) esté tutelado, mimado, subvencionado por el Ministerio de Cultura.
                Un amigo mío escritor afirmaba en un lúcido artículo que la cultura española de las tres últimas décadas se hallaba controlada por la CIA o por los Servicios Secretos del Estado. No sé si esto será cierto, pero lo que resulta meridianamente claro es que desde los numerosos organismos gubernamentales dedicados a la cultura se apoya y se mima la mediocridad, la falta de crítica, la sumisión, lo insípido, y ello no sólo en cine, sino en todas las artes y las letras.  Todo lo cual se lleva a cabo mediante el bochornoso sistema de premios corruptos y subvenciones, mediante los suplementos y páginas culturales de los diarios vinculados a los dos partidos mayoritarios y mediante el silenciamiento de toda disidencia.
                Esta nefasta política ha llenado el panorama cultural de falsos valores. Nunca en nuestra historia existió una distancia mayor entre lo que verdaderamente posee calidad y lo que se nos ofrece como paradigma. Los creadores valiosos hoy permanecen en el anonimato, salvo en algunas contadas ocasiones como los casos de Alejandro Amenábar o Arturo Pérez Reverte. Este último une espíritu crítico, calidad y reconocimiento. ¿Cómo es que no se lo silenció al igual que al resto de quienes cultivan con dignidad y con estilo propio su arte o su literatura? Sencillamente: porque Pérez Reverte fue muy conocido como corresponsal de guerra y como presentador televisivo antes que como novelista. Con ello puenteó la férrea censura española de nuestro tiempo.
                Y como ejemplo máximo de esa mediocridad elevada artificialmente desde el poder está la obra de J. M. Caballero Bonald, ganador este año del premio Cervantes, un premio cada día más desprestigiado. Pero está claro: no nos vamos a exiliar a Francia a pesar de que en nuestro país la gente, cada vez más manipulada, siga aplaudiendo el traje nuevo del emperador. Aquí tenemos el rioja, el sol, los amigos…


                                                                                                                             Fernando de Villena.    

19 feb 2013

ENTREVISTA DE LA REVISTA ALMIAR

 La Revista Almiar me entrevista con  el motivo de la publicación en Transbooks de mi libro Iguazú.


Además de un sentido homenaje a la literatura del siglo de oro español, en especial a Cervantes, “Iguazú” es una novela que son muchas. Es una narración de aventuras que nos traslada a la época de la conquista de América, en concreto de Argentina y Paraguay; una novela donde va imponiéndose poco a poco el amor a la venganza, una novela detectivesca perfectamente planteada y también una narración que desgrana una filosofía de vida, la del autor, que defiende una ética personal que esgrime la libertad y el valor de los sentimientos frente a las imposiciones y oscuros intereses de los gobiernos, lo que le otorga una dimensión muy actual. Y, en medio de la trepidante acción que va desde la Almuñécar de principios del siglo XVII hasta el fabuloso entorno de las cataratas de Iguazú van surgiendo hasta 50 protagonistas todos con su propia historia. Esas múltiples dimensiones conceden a la obra de Fernando de Villena, escrita en un estilo directo pero plagado de lirismo y amor a la lengua castellana, un extraordinario interés para el lector que simplemente busca buena literatura: obtener placer de la lectura y estímulo para la mente. (Transbooks)

Reproduzco la introducción, y el resto lo podréis leer en el enlace:

http://www.margencero.com/almiar/entrevista-fernando-de-villena/

"De Granada es y en Granada, una ciudad que transpira cultura por los cuatro costados, lleva más de 30 años escribiendo y publicando prosa y poesía Fernando de Villena (1956). Y también impartiendo clases y desvelando los misterios de la literatura, especialmente la del Siglo de Oro. En esa época de conquistas en el exterior pero también de grandes contradicciones internas para España, se enmarca Iguazú, la novela que acaba de editar en formato digital Transbooks, la nueva empresa editorial que acaba de surgir en la ciudad de la Alhambra. 
Desde el primer momento, De Villena se mostró interesado por apoyar un proyecto que se hacía «necesario» en su ciudad, según sus propias palabras. Por eso, no dudó en volver a sacar a navegar una de sus mejores obras, que esta vez surcará no los mares de papel, sino los océanos virtuales.
Iguazú no sólo está bien documentada, por razones obvias derivadas del magisterio de su autor, sino muy bien facturada, con esa agilidad y agudeza que demanda todo lector entusiasta. 
De su argumento apuntemos sólo que la narración transita desde España hasta sus colonias americanas, azuzada por una intriga en la que amor y aventura dejan paso de tanto en tanto a una filosofía muy personal y absolutamente vigente."





27 ene 2013

FOTOS DE LA PRESENTACIÓN EN MADRID

El viernes tuvo lugar la presentación de mi libro Mundos Cruzados en la librería Antes, de Madrid. Aquí podéis ver algunas de las fotos, y el enlace para leer el reportaje sobre el acto, aquí: http://lamiradadeariodante.blogspot.com.es/2013/01/tarde-literaria-madrilena.html





25 jun 2012

EL PAPEL DEL INTELECTUAL


          
               He paseado esta noche por una ciudad muy diferente a la que conocí en los años sesenta y setenta del pasado siglo. Todas las ciudades españolas eran entonces muy diferentes. La mía, no sólo por su carácter universitario, estaba llena de librerías con colecciones de amplio fondo editorial y de cafés donde los estudiantes comentaban entre sí sus lecturas. Muchos de esos jóvenes estudiantes soñaron entonces con cambiar este viejo país.
               Y este país cambió. En realidad, todo el mundo vivió una vertiginosa transformación. Yo siempre supuse que la evolución del mundo era positiva, que la Humanidad caminaba hacia adelante… Si me hubiera detenido a meditar, por ejemplo, sobre el paso del mundo clásico a la Edad Media me habría dado cuenta de mi equivocación.
               He paseado esta noche por mi ciudad y he ido encontrando por doquier grupos de jóvenes norteamericanos riéndose sin saber muy bien de qué. Si fuese fin de semana (el dinero no les da para más en este tiempo de crisis) habría también españoles en los bares, pero todos vociferando a sus equipos futbolísticos ante las macropantallas de los televisores. Es el signo de esta época.
               En España, primero la Ley de Reforma Universitaria, que consagró el nepotismo en los departamentos, y después la Logse, que destrozó las enseñanzas medias, acabaron con toda inquietud intelectual. Sin verdaderos maestros, ¿a quién seguir? Sin una valoración objetiva del auténtico mérito, hundidas las Humanidades hasta el punto de erradicarse en el Bachillerato casi por completo el estudio del Latín y de convertir la Literatura poco más que en un apéndice de la Lengua, los jóvenes se han encontrado sin espíritu crítico en un mundo que no les ofrece más valores que los del dinero.
               Ese deterioro progresivo y feroz de la cultura, programado minuciosamente por los jerarcas del capital a fin de crear esclavos dóciles, se inició en los años ochenta, paralelamente a la instauración del dinero fiduciario en casi todas las economías mundiales. Frente a las consignas del mayo francés y frente a la ideología hippy, se instauró el modelo del yupismo. Baste revisar cualquier película de la época para la comprensión de cuanto he señalado.
               Desde luego, la nueva ideología necesitaba también su cultura, o por lo menos un barniz decorativo que ostentara dicho nombre. Y surgió entonces una escritura oficial, realista, ramplona, carente de toda pretensión metafísica y que, en vez de mostrarse crítica con el mundo presente, censuraba nuestra ya enterrada dictadura de las anteriores décadas.
               Al igual que ocurrió en la época franquista, no faltaron ahora los escritores mimados por el régimen, esos que apostaban por una literatura fácil y evasiva. Habían llegado los tiempos de lo “ligh”, de la banalización cultural, del silenciamiento estalinista de toda disidencia, de toda apuesta audaz y verdaderamente crítica.
               No faltaron, desde luego, voces que se alzaran contra tal estado de cosas ya en los años noventa. En las hemerotecas puede indagarse (si es que ya queda en España algún investigador) lo que fueron la Literatura de la Diferencia y el Salón de Independientes, aquellas épicas protestas y aquella rebeldía contra un sistema y unos pseudovalores que estupidizan al individuo. Esa banalización de la cultura ha hecho levantar también la voz ahora, con más de dos décadas de retraso, a Mario Vargas Llosa.
               Y la pregunta que se nos plantea es la siguiente: en un mundo que parece haber retrocedido hacia una nueva Edad Media, en un país donde los espacios de crítica literaria de los grandes periódicos están vendidos a los grupos editoriales más fuertes (unos grupos ya no interesados en la cultura, sino en el mercado), ¿cuál debe ser el papel del intelectual y, sobre todo, del escritor?
               Y me lo pregunto porque no creo que la solución esté en el hecho de refugiarse en las bibliotecas de los monasterios, como ocurrió en el Medievo, ni en el permanecer ajeno e indiferente a cuanto sucede viéndolo pasar “como la corriente del gran Betis”. ¡No! El intelectual crítico en nuestros días, a mi juicio, debe:
1º/ Denunciar una y otra vez (no necesariamente desde su obra de creación, que si es digna, ya conlleva en sí misma una denuncia contra los falsos valores) las demasías, los abusos, las atrocidades y los engaños del mundo en el que vive y no del de épocas pasadas.
2º Ayudar en la medida de sus posibilidades a crear un mundo más solidario.
3º Crear su obra con arreglo a los criterios de lo bello, lo bueno y lo verdadero y autoexigirse siempre lo mejor, sin atender al canto de las sirenas de los apóstoles de la pseudomodernidad.
4º Publicar las obras propias donde le resulte posible (en esas pequeñas editoriales que hoy están desarrollando una labor tan encomiable) con la confianza en que ya vendrán otros hombres y otros tiempos que las rescaten.


                                                                                                       Fernando de Villena

2 jun 2012

LA TERCERA GUERRA


                Los que nacimos ya mediada la anterior centuria siempre nos enfrentamos al miedo de una tercera guerra mundial. Primero vinieron esas décadas de incertidumbre que dieron en nombrar “la guerra fría”; mas tarde, tras la caída del muro de Berlín, el supuesto conflicto se nos presentó como el enfrentamiento entre el mundo islámico y el occidental y la industria cinematográfica de EEUU no dejó de introducir en muchas de las películas que producía algún terrorista barbudo indefectiblemente árabe. Al final hemos descubierto que esa tan temida nueva guerra mundial ya ha llegado y que las partes beligerantes no son unas naciones contra otras ni tampoco unas creencias religiosas contra las que le son distintas, ni siquiera los intereses de unos continentes contra los de otros. Nada de eso. Hoy vivimos y padecemos la atroz guerra entre el gran capital y el pueblo, una guerra que ha existido siempre, pero que ahora alcanza límites paroxísticos.
                Pero existen dos grandes problemas en esta lucha desigual e insidiosa. De un lado, muy pocas son las mentes críticas que se han lanzado a descubrir dónde está la auténtica  cúpula del capital, o sea la raíz del problema. Se nos habla de lo nefastos que son los bancos, pero los bancos, salvo en sus consejos de dirección, están formados por personas de clase media, asalariados que no se diferencian mucho de los demás trabajadores. Se nos habla también de los políticos, que, cierto es, han creado una nueva clase llena de privilegios (algo así como los militares de cierta graduación durante las dictaduras). Sin embargo, la sociedad de hoy en nada se parece a una de aquellas pequeñas polis que podían gestionar sus asuntos en el ágora. Un país como España, formado por cuarenta millones de individuos, precisa unos representantes, pero esos representantes, durante el desempeño de su cargo y al finalizar el mismo, no tienen por qué cobrar unos emolumentos mayores que los de cualquier otro trabajador.
                Así pues, el pueblo, el hombre de a pie, tiene que empezar por saber muy bien contra quién combate y qué es lo que combate. Yo considero que, como primer paso, debe acabar con los abusos de quienes lo gobiernan en su ciudad, en su comunidad y en su nación y para ello no le queda ahora otra arma que la propia democracia. Cuando surgió el movimiento 15M, yo escribí y anduve repartiendo por las plazas un breve texto en el que animaba a los indignados a constituir un partido político sin líderes que se mantuviera sólo hasta el momento de alcanzar una mayoría parlamentaria suficiente que le permitiese deshacer de forma legal el propio parlamento y desde ese punto ensayar otra manera de sociedad.
                A la vez, ese movimiento de indignados debe universalizar su mensaje: que esa revolución pacífica traspase las barreras nacionales y llegue a todo el mundo porque, recordémoslo, ésta es una guerra mundial. Y, si hablo de revolución pacífica es porque el gran capital posee su propio ejército, el más potentísimo y gigantesco de los ejércitos, formado por miles y miles de mercenarios que ni siquiera saben lo que están defendiendo. Sin embargo, el hombre de a pie no debe confundirse: los soldados de ese ejército, los numerosísimos policías que velan las reuniones del FMI o del Banco Mundial o nuestras manifestaciones antisistema no son nuestros enemigos como no lo eran los trabajadores de los bancos. Hay que apuntar siempre más hacia arriba porque sólo deshaciendo la cúpula del capital podremos acabar con este injusto sistema que ha condenado a la miseria y a veces a la muerte a millones de seres humanos.
                El segundo problema, al que antes aludí, consiste en que casi nadie es consciente todavía de que se halla en el centro de una guerra terrible y cada cual con su pequeño egoísmo, aferrado éste a sus pequeñas posesiones y aquél a su trabajo, no captan las dimensiones de cuanto se nos avecina y van encajando uno tras otro los abusos del gran capital sin reacción alguna.
                Necesaria pues resulta la concienciación de todos: desde los trabajadores de los bancos hasta los parados, desde los policías hasta los maestros, desde los autónomos hasta los estudiantes. Todos y cada uno deben saber de qué lado se hallan en esta guerra, porque en la misma no sólo están en juego sus pequeños intereses, sino el futuro de sus hijos y de las generaciones siguientes, el futuro entero de este mundo. Si ahora permitimos que se nos convierta en esclavos, ni siquiera nuestros nietos lograrán quitarse el yugo y las cadenas. Si permanecemos quietos, no escaparemos a las peores pesadillas de Orwell o Bradbury.
                El primer paso de nuestra lucha ha de estar siempre en la Fraternidad, la tercera hija de la revolución y la más incomprensiblemente preterida. Durante aquellas inolvidables jornadas del 15M la solidaridad entre el pueblo despertó de repente y todo brilló a su alrededor y el gran capital entonces tembló por el temor a algo con lo que antes sólo se había enfrentado en el Mayo Francés del 68, algo muy difícil de contener contra lo que ya se está armando. De hecho, las actuales leyes aprobadas contra el derecho a permanecer en las plazas (como es el caso de la madrileña Puerta del Sol) o contra el derecho a colocarse una máscara en las manifestaciones van encaminadas a combatir ese foco de insumisión que tanto les preocupa.
                Estamos a tiempo de evitar que se nos imponga la más férrea de las dictaduras y tenemos respecto a nuestros enemigos una indudable ventaja: ellos no suman más que unos pocos miles de personas (la cúpula, muchísimos menos, tal vez sólo veinticuatro individuos, que son los que constituyen el secreto consejo ejecutivo del FMI). Sin embargo, nosotros formamos el resto de la Humanidad: millones y millones de seres en un planeta con recursos suficientes para satisfacer las necesidades de todos, pero una tierra usurpada todavía por esos pocos cuya ambición no conoce límites.
                Nuestras armas para esta guerra ya no pueden ser las mismas que las empleadas en las anteriores revoluciones. Nada de cañones ni guillotinas. Ante todo, debemos marchar cogidos del brazo bajo la bandera de la paz. Cada acto de violencia se nos volverá en contra y, como nuestros enemigos lo saben, serán ellos mismos quienes intenten provocarlos para crear entre nosotros disensión y descrédito.
                La huelga esporádica como la estamos viendo estos días en numerosos países ya no sirve para nada o si acaso sólo como pequeña muestra del derecho al pataleo. Se necesita algo muy distinto. ¿Qué ocurriría, por ejemplo, si un país como España se paralizase por completo durante todo un mes? ¿Tan duro resulta para los trabajadores renunciar a un mes de sueldo habida cuenta de que se juegan mucho más en el caso de seguir soportando los reiterados abusos del gran capital?
                Muy necesaria sería también la constante coordinación de las gentes de todo el mundo, algo así como una nueva Internacional permanente, y que lo ocurrido en cada nación del mundo tenga inmediata respuesta en todas las demás.
                Antes mencioné nuestras armas. Ningunas tan poderosas como la palabra y el gesto. Hoy además contamos con un vehículo fundamental: internet, aunque también pretenden amordazarlo los mercenarios del capital.
                El 15M nos enseñó el camino. Retomémoslo porque es el único que conduce a la victoria. Desde aquel día se han dado algunos pasos muy valiosos, pero se corre el riesgo de la dispersión. Por lo pronto, se han constituido asambleas de barrios que evitan desahucios y otros abusos; se están organizando comunidades autosuficientes, algo próximo a los antiguos falansterios de los socialistas utópicos del siglo XIX, y se está restableciendo a pequeña escala la economía de trueque. Me parecen interesantes las tres iniciativas puesto que lo primero que hay que derribar es el actual sistema económico y sobre todo esa gran trampa que es el dinero fiduciario. Sin embargo, creo que la propuesta llegada desde el mundo árabe de volver al patrón oro tampoco sería desacertada, claro que un porcentaje elevadísimo de dicho metal (700.000 lingotes, si es que no son de tugsteno) ya se encuentra inmovilizado en Fort Knox bajo la tutela de los mercenarios del gran capital.
                Y lo que resulta evidente es que la historia se ha acelerado de manera vertiginosa en este siglo XXI todavía joven y que está en nuestras manos cambiar un mundo que se está convirtiendo en una dictadura global.

                                                                                                              Fernando de Villena.   
               

9 may 2012

MUNDOS CRUZADOS

Os hablaré un poco de mi próxima novela, la que está preparándose para ver la luz en otoño:


                                            MUNDOS CRUZADOS

               La novela del siglo XIX podía ofrecernos un microcosmos y dentro del mismo analizar el comportamiento de los diversos personajes, pero, aunque la acción de la misma se desarrollase durante uno o varios años, allá se nos reflejaba un mundo estático. La novela del siglo XX se lanzó en todas las direcciones y a todo tipo de experimentos y hoy aún nos resulta muy difícil definir sus características, su sello temporal, aunque, salvo excepciones como las obras de Proust o las de Mujica Láinez, suele ser también una novela estática. “Cien años de soledad”, por ejemplo, no pretende mostrarnos el paso del tiempo durante ese siglo de vida de Macondo, sino cómo eran Macondo y sus habitantes.  
               En este siglo XXI, en un mundo que cambia por momentos, que se ha acelerado como un bólido de carreras, considero que el narrador debe dedicar su atención a ese fluir velocísimo y continuo.
               En la novela “Mundos cruzados”,  he pretendido no sólo reflejar esa fugacidad, sino también el hecho innegable de que, a través de los siglos, muchos españoles, perseguidos en su propia patria por los rigores históricos –inquisiciones, guerras, hambres- buscaron amparo en Hispanoamérica y viceversa: muchos hispanoamericanos que precisaban escapar de sus países por causa de las dictaduras, los abusos y persecuciones vinieron a refugiarse en España con el sueño de una vida mejor.
               Ésta, pues, sería la novela de todos ellos, los que marcharon de un mundo a otro en busca de la felicidad que se les negaba en su tierra.